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El primer tesoro

  • 29 jul 2021
  • 2 min de lectura

Ken O’Donnell nos cuenta cuales son nuestros tesoros



Los pensamientos

Los pensamientos pueden ser nuestros mejores amigos o nuestros peores enemigos. Hay que instituir un método sencillo para evaluarlos. Los pensamientos son los responsables de que suframos o sintamos felicidad. Sin embargo, a nuestra conveniencia, olvidamos que no son los demás y las situaciones en que nos encontramos lo que provoca nuestros pensamientos. Somos nosotros mismos.

Hay que aprender a calmar la actividad incesante de la mente para empezar a ordenarla. Incluso sin querer, la mente es capaz de experimentar hasta dos mil impulsos por minuto entre informaciones y sensaciones. En un segundo, nos puede llevar al otro lado del mundo para volver a visitar el lugar donde hemos pasado las vacaciones o para vivir una experiencia de una relación olvidada del pasado. Sin duda, no es fácil domar los caballos galopantes de la mente.

Al principio, tenemos que aprender a conversar con ella:


¿A dónde vas? ¿Por qué me llevas allí? Ya sé que tienes que ocuparte de muchas cosas pero no es necesario pensar tanto, preocuparte tanto. ¿Cómo puedo utilizarte para bien? Vamos a aprender a trabajar mejor juntos para coordinar los pensamientos con las acciones.


Poco a poco, vas descubriendo que, al observar el proceso de los pensamientos, te sientes más liberado y desapegado.


Observa que el flujo deslumbrante de ideas, sentimientos y planes ahora transcurre con menor intensidad.


Si el diálogo con la mente prosigue así, el siguiente paso consistirá en crear deliberadamente pensamientos positivos.


¿Quién soy yo realmente?

Soy distinto del cuerpo físico.

A fin de cuentas, soy un ser de paz.

¿Por qué me estoy limitando con pensamientos inútiles?

Si yo he creado mi situación mental, también he creado la confusión, como un efecto.

Si yo he enmarañado esto, puedo desenmarañarlo con la misma facilidad que puedo apagar la luz de una sala.


Los pensamientos pueden ser una fuente inagotable de fortuna. Se trata de desconectarlos de todos los aspectos que roban su potencial al ser y de vincularlos a cuestiones que posean un valor real.


En la India hay una expresión que habla sobre la cobra Naja. La Naja tiene la forma de un diamante dibujado en la cabeza.


Dicen lo siguiente:

Mira siempre el diamante y no la cobra.

Cuando prestamos más atención a la cobra de la persona, pueden surgir infinidad de pensamientos inútiles.

Cuando vemos el diamante, que es el propio ser eterno, podemos no solo limitar los pensamientos inútiles, sino también transmitir una energía positiva al ser.


Viendo el diamante nunca somos engañados.
Viendo la cobra siempre lo somos.



Extracto del libro: LA PAZ EMPIEZA CONTIGO

✨Ken O’Donnell ✨


 
 
 

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